Noviembre.
Era una tarde lluviosa de Noviembre, mi rostro estaba
empapado de aquellos pequeños diamantes que caen del cielo, caminaba, mi corazón
latía lento y al ritmo de mis pasos, miraba hacia aquel cielo lleno de nubes grises
que parecían estar pintadas ¡Ay, como me encantan! Aunque sentía la brisa fría correr
por mi cuello e inundar todo mi cuerpo jugando con aquellas atrevidas gotas que
corrían sin que la ropa fuese limite,
sentía que nada era real y que estaba caminando entre mis sueños, todo era
perfecto! El sonido de los arboles danzando con el viento era música que entraba
en mis oídos. Caminaba sin saber cuál era mi destino aunque eso no me importaba
mientras siguieran las verdes hojas intensas brindándome el placer de
admirarlas, llenas de ese brillante roció, impregnadas de toda la perfección de
aquella tarde de Noviembre.